Mi interés particular entra a la ciudad de Valencia cada día por una chorrada que llaman La Ciudad de las Ciencias, tuerce a la izquierda por el río y llega a una glorieta decorada por un hippy trasnochado que se ha debido dejar follar por alguien importante para que le paguen por eso que hace (Ripollés), atraviesa el centro financiero de la ciudad y la calle Islas Canarias, la Avenida del Puerto y, voilà, no hay aparcamiento. Mi interés particular suele tardar una media de treinta o cuarenta minutos en aparcar, después de la hora y cuarto de llegar; y que no interfiera con el interés general del fútbol, que se multiplica por dos el tiempo de conducción (eso sí, parado en la autovía a causa de los atascos) y se anula por completo la posibilidad de aparcar en un radio de kilómetros lejos del lugar de residencia (vivo relativamente cerca del estadio de fútbol)...
Me cago mucho en el interés general. El otro día tuve una discusión con mi padre sobre ese tema. ¿La Ciudad de las Ciencias es cosa buena o mala para los valencianos? ¿Que se construya un PAI en un plueblecito agricultor es bueno o malo para los habitantes del pueblecito y su agricultura? ¿Que el ayuntamiento de Valencia pase por encima de uno de sus barrios tradicionales de más solera para construir una "avenida al mar" forma o no forma parte del interés general de la ciudad? (Porque ése es el argumento principal de los actuales gestores del ayuntamiento: han sido votados mayoritariamente y tiene el derecho a elegir qué es y qué no es el interés general de la ciudad...)
Hablé de ello con mi padre, vi hace poco un documental de la 2 sobre el mismo tema, cuando Alejandro me dio unas copias del nuevo número de Miralls, resulta que el tema de la revista era el mismo (una leyenda protagoniza la portada: SALVEM EL CABANYAL; yo no sabía nada, mi cometido es la crítica de exposiciones), y, justamente hoy, cuando he dejado en la mesa de la sala de profesores un puñado de esas revistas, El País publica un artículo sobre ello, escrito por un tal Joan Garí, en el que se le da cañita a la Rita y a la megalomanía de Santiago Calatrava, titulado Lecciones de El Cabanyal. ¿Quién descabalgará a Rita antes de que convierta Valencia en otra postal kitsch?
Me pregunto qué sería si entrara cada día en mis clases y no hiciera absolutamente nada. (No hago mucho, la verdad, pero me refiero a no hacer nada, pasividad absoluta; en ocasiones, de adolescente, trataba de imaginarme en esta especie de huelga existencial... anular cualquier actividad hasta llegar al grado cero, dejar de respirar, tal vez.)
Porque el movimiento, cualquier movimiento, obedece a la voluntad de entender el mundo, de tener una visión general del mundo. No siempre somos conscientes de ello, así que llega un momento en que cualquier actividad entra en crisis al encontrarse con esta idea. Para ser claros: no tengo ninguna idea del mundo, rechazo cualquier generalidad. Al mismo tiempo, me resulta odioso lo que huele a subjetivo, lo que se mira el ombligo. Por lo tanto, me dejo bastante poco espacio para maniobrar; pero no puede ser de otra manera, es así y ya está.
Por eso no acabo de entender lo del interés general. No me parece un argumento convincente ni para el peor demagogo. Entiendo que haya gente que se proponga dirigirnos a todos, y que todos nos dejemos dirigir porque las cosas son así y casi resulta inevitable y nos planteemos nuestras estrategias de evasión (gran tema, la evasión)... lo entiendo como algo engorroso que no puede evitarse, como el sudor corporal o el frío en invierno. Hay que adaptarse, hay que permanecer en el mundo a pesar de él, de su forma, de su olor, de su estructura. Incluso, diría, hay una belleza en esto, en la maldad, en la ambición, en el maniqueísmo, en la tortura, en la guerra, en la manipulación... no voy a descubrirlo yo, hay belleza en todo esto. (Creo que prefiero que gobiernen los liberales, son más bellos en su papel de malos, más arquetípicos, mucho más fácilmente identificables, nunca los votaré pero sé valorar el tufo de su perversa belleza; los socialistas se hacen odiosos con el tiempo, al principio se supone que me tienen que caer bien, luego se corrompen igual que las relaciones duraderas.)
Pienso en el Naturalismo. Podría definirse como un molde del mundo; no un molde del mundo para hacer el mundo, sino un molde hecho a partir del mundo, tal cual sea. La crítica más evidente que se le puede hacer al Naturalismo es que no juzge, sólo quiere mostrar. Esa "pasividad" es muy mía, la tengo asumida. Sin embargo, no puedo evitar torcer la mirada cada vez que paso por delante de La Ciudad de las Ciencias.
Lo mejor que tiene la fotografía es que nos permite cerrar el encuadre hasta que casi nada se vea. Como cerrar los ojos. Como ser un fotógrafo ciego, sordo e idiota.












