20080721

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Es una sensación extraña extenuarse viendo la tele hasta la madrugada, por la puñetería de no dormir por mis cojones. Los manuales de autoayuda hablan de lo importante que es aprender a dormir desde muy jóvenes; antes incluso que aprender a hablar se recomienda que se aprenda a dormir. Aprender a dormir significa aprender a acostarse a una hora y no tardar en coger el sueño. Me doy cuenta, al leer esto, que nunca he sabido dormir. O me canso mucho, como con el tortuoso horario que llevo en invierno, y caigo rendido a las diez y media, o entro en una dinámica destructiva, desplazando más allá de la madrugada la hora de acostarme, sin ningún motivo, sin ninguna juerga quiero decir, simplemente moviendo nerviosamente el dedo por la superficie del mando a distancia del televisor y, si acaso, leyendo de vez en cuando algún poema de ésos en forma de diálogo del libro Diálogos del Conocimiento de Vicente Aleixandre. No necesito a nadie para torturarme. Sólo el tiempo, la noche, y yo. Y probarme esta absurda resistencia al sueño, como si fuera una muerte en miniatura (que de eso dicen que se trata).




Cargado originalmente por Jose M.