Nadie sabe lo que representa un Teletubi. Espinete se parece a mi tía Reme. Diego es fan de las vaquitas de Baby Einstein McDonald. Ha superado la fase Baby Beethoven. Digamos, la fase abstracta. Ahora come viendo figuras reconocibles. Intuimos que Diego las reconoce, parece alegrarse cuando sale la vaquita, un muñeco de trapo que circula de derecha a izquierda y de izquierda a derecha de la pantalla.
Atropomorfismo:
Pocoyo es amigo de un elefante y un pajarico. Son sus dos amigos casi en exclusiva. Me suele gustar cuando, en la serie, se presenta al elefante: ELI, gritan. ELI, y, luego: PAJAROTO. Se produce un delirio feliz, digamos. Diego da pataditas y mira hacia todos los lados. Sara y yo solemos repetir con insistencia lo mismo que Diego ha escuchado en la pantalla: ELI, PAJAROTO. Entiendo que a una edad tan temprana no se identifica con lo que ve. En ese caso, Pocoyo no funciona como tal. Pocoyo es igual que Eli y Pajaroto. (Los animales, en la serie, sin embargo, nunca hablan.)
Baby Einstein alterna grabaciones "realistas" con monigotes antropomorfizados. Es habitual una marioneta que representa una vaca, que realiza acciones sencillas. En una tienda he encontrado un lagarto de la misma marca, parecido a la vaca. Pero es un lagarto, un lagarto Baby Einstein. A Diego le mola, aunque yo creo que le hubiese molao más la vaca.
Tres o cuatro veces he intentado jugar metiendo la mano en el interior de la marioneta, moviendo la boca del cocodrilo, haciendo el tonto. Ha sido gracioso pero no ha tenido continuidad. Los juegos infantiles no tienen continuidad, empiezan y acaban en sí mismos.
Simplicidad:
Los dibujos de Pocoyo son simples. Formas simples, colores primarios. Fondos blancos. Se economiza haciéndolo, sin embargo, efectivo. Pocoyo es, para nosotros, un poco Diego.
Los Teletubis nadie sabe quiénes son. Son monigotes simples, tal vez extraterrestres. Pertenecen a otra época, obsesionada por lo que sucede "ahí afuera". Los Teletubis son coetáneos de Expediente X, de la Carrera Espacial, de Sonic Youth, Spiritualized, Pixies y Los Planetas. (La inocencia de los rorros paga la moda del imaginario de los adultos.)
Estimulacionismo:
Me parece odioso que se asocien los productos infantiles a los nombres de los grandes "genios". Hay padres que creen que sus hijos van a superdotarse de tanto escuchar tonadillas musicales concretas si a la vez en la pantalla aparece un chorro de agua de colores o el paso de un trenecillo de juguete. (Diego responde igual a los dinamismos de la publicidad televisiva o a programas tan llenos de colores y formas cambiantes como, por ejemplo, Fama, A Bailar.)
A mi modo de ver estamos creando adictos a la cultura audiovisual; entiendo que de eso se trata.
Didactismo:
Pocoyo obedece a una voz adulta. El adulto, siempre en off, juega con Pocoyo, es amable a la par que autoritario. No soy capaz de descifrar todos los mensajes que recibe Pocoyo. Si acordamos que Diego no es capaz, a su edad, de identificarse con Pocoyo, da igual.
Los dibujos Disney educan de acuerdo a los valores de la sociedad de consumo. La Casa de Mickey es la casa de un rico, ampulosa, barroca, llena de lujos. Los amigos de Mickey se sumen, igualmente, en los valores de la cultura americana, son todos unos cabrones que pertenecen a un club selecto, como la pandi de Beverly Hills. Ricos, felices y famosos. Prefiero a Pocoyo y sus dos escuetos amigos antropomorfizados.
Sensacionismo:
Siendo realistas, los rorros no entienden nada. No vale la pena contarles historias. Entienden el tono amable de una voz adulta, los fluidos de colorines y las musiquillas saltarinas, las voces gritonas infantiles... Las historias nos justifican a nosotros y permiten que el rorro siga viendo los mismos dibujos conforme crezca.
Producir sensaciones abstractas, a mi modo de ver, tiene mucho de moda, recoge mucho del nuevo esteticismo adulto.
20090622
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7 comentarios:
otra idiotez, y van cien
la idiotez me persigue...
me gustan estas idioteces
y aún diría más, me gustan mucho
chapó! dinki
yo no quiero ser feliz
el otro día no se quién comentaba que: hay una falta de elementos lúdicos y sólo lúdicos en entre los infantes nacidos de nuestros amigos, el exceso de didactismo no es bueno, no; no es obligatorio preguntarle al niño si quiere comer o ir a la cama: se le da de comer y se le lleva a la cama.
Lo primero me ha hecho sentir un poco culpable porque yo sólo regalo didactismos; lo segundo mucha gracia.
me llevo mal con la pedagogía infantil, bueno, en realdiad con la pedagogía en general...
un éxito de post: deberías plantearte escribir libros para adultos sobre niños, o sea: pedagogía. o algo así.
saludos.
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