20090620

Territorios ocupados

El mapa del mundo cabe en un bolsillo. Milagros siempre ocupa su silla. Es interina, pero siempre vuelve al mismo centro, a su silla, en una esquina de la amplia mesa rectangular. Una esquina que la mantiene a ella escorada, como si no quisiese estorbar, como si mantuviese una postura discreta, en una punta y frente a la puerta, vigilante.
Las "chicas malas" miran por la ventana, con una cierta nostalgia del exterior, un sentido romanticorro de la vida manifestado ya a tan tierna edad. Miran y me miran, esperando mi reprimenda; no les digo nada y siguen con la mirada absorta en el exterior. Las "chicas malas" y su amigo gay fuman en los lavabos.
(Yo nunca me asomo a la mesa de la sala de profesores. Casi siempre leo junto a la ventana, absorto como una putilla romanticorra.)
Las "marujillas" ocupan un lugar central en el aula. Son origen, centro, marcan las opiniones dominantes que excluyen a las "chicas malas" y el gusto que gusta a los chicos "buenos", sanotes y deportistas. Se sientan delante, junto a la mesa del profesor, junto a ese tipo que se supone que representa el orden adulto, lo establecido, la autoridad.





Yo no quiero ser feliz.


Abandono pronto mi lugar en el aula.
Los "chicos malos", los vagos, se sientan al fondo, junto a la puerta. No hay romanticismo en su territorio sino un fuerte pragmatismo. Se aprestan a escapar, ya no con los vuelos romanticorros de su imaginario sino con la praxis del juego duro. Junto a la puerta, su voluntad de escapar es una evidencia; cuando toque el timbre van a ser los primeros en salir.
Las "marujillas" me incomodan, su coqueteo adolescente me deja fuera de lugar. Me voy de su lado.
Me pongo junto a los "chicos malos", los vagos, por una afinidad imperceptible. Les reprimo, es mi papel, pero quiero agradarles.
En la sala de profesores, Antonio siempre se sienta al fondo, junto al panel de anuncios, en el lado estrecho de la mesa, en el centro, como "presidiendo" los recreos. Es funcionario, pero no es definitivo en el centro. En las juntas me ha parecido significativo que Antonio se haya estudiado el reglamento.
No todos tenemos un lugar establecido. Antonio, en un extremo, y Milagros, en el otro. Francisco suele estar en el lado largo de la mesa, frente a la ventana, oscilando de un extremo al otro, como un invitado.
Hay un sitio de transito. La parte de la mesa en la que la Jefa suele dejar la carpeta de los horarios y las faltas, en el lado largo, junto a Francisco el invitado.
Hay una cierta normalidad aparente en los lugares que ocupamos. Revelan algo.
Yo no quiero estar y ya me voy.
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