20090708

Los yoes exacerbados

Al gilipollas de Perec le hubiese molao. Te plantan un teclao paticojo y hala, haz lo que puedas. Te obligas a buscar palabras, que de otra manera escribes la primera que te viene a la perola. Tardas el doble en consignar una mierda que se entienda un poco.
Escribir sin acentos ha acabado con Las Corrientes Salvajes, pues ya no puedo citar en modo literal, he de dar un rodeo y buscar el adjetivo, el nombre, el verbo... que no lleve puta tilde.
Por tanto, para recuperar comentarios, he de explicar, no puedo citar:
Hablamos de ombligismo, que es el ismo de los que no saben inventar, de quienes no saben hablar de otra cosa que no sea ellos mismos.
Blogger Antonio dijo...
De acuerdo, todos los peligros ahí. Sin embargo, lo opuesto, lo silente, lo no confesional, es a menudo igual de pretencioso, y, casi siempre, menos entretenido. En la charlatanería se inserta el error, la contradicción y la fractura. Lo otro es muy elegante, uno se constituye en tótem, de sí mismo, hasta que estalla, y cuando uno sólo estalla una vez al año, o al lustro, el hedor es tan grande que casi no se puede aprender de él... (Este texto casi lo he recuperado intacto, pues el autor, Antonio, lo ha escrito con sus tildes; excepto "tótem", que he tenido que corregir. Pa poner una palabra con su tilde he de irme a Google, escribirla sin tilde y darle a buscar, copiar la que aparezca escrita correctamente y pegar donde corresponda.)
Yo dije...
En lo confesional hay a su vez tótem (pego, del tótem anterior)... el problema es que ya no somos capaces de crear distancia, de vernos con objetividad, de ver, incluso, a los otros con objetividad, porque sabemos, claro, que no hay verdad para todos y que el tema no es razonar sino hablar muy alto, tener el ego muy inflamado, gritar como nadie... y, a su vez, actuar de esa manera es la postrera manera de sobrevivir, pues lo que queda, lo que resta de esta circunstancia es el silencio asumido, la renuncia... todos los discursos personales nos parecen pretenciosos y aburridos, nos aburren los putos rollos de los otros, pero no renunciamos, queremos tener un puto rollo como cualquiera, instaurarlo, que se nos escuche hasta en la china, no hay otra cosa, sabemos que solamente es un puto rollo pero es nuestro, no vale para nadie salvo para nosotros mismos, para erigirnos en tótem de nuestra causa personal... no hay idearios, hay egos, es la circunstancia actual y no creo que vaya a cambiar en mucho tiempo; no creo que haya nadie dispuesto a renunciar a su propia mierda por una mierda compartida...
Blogger Antonio dijo...
Claro, eso. Tanto el post como el comentario me dejan la pulsión de hacer un corolario, cosa que usted tb ha hecho con la frase final del post, por otra parte. Yo diría: "y sin embargo..." en ello estamos todos, en el "sin embargo", saber lo que pasa, en mi opinión, desentrañar el meollo de cómo y por qué nos relacionamos no debe llevarnos a inhibirnos de hacerlo, sino a quizás caer en ello, con la coartada de la consciencia entre dientes. Todos queremos hablar, por encima del resto, hablar y que callen. Hagámoslo, dejemos entreactos para que nos enculen también, puede que no haya otra forma de relacionarse, puede que nunca la haya habido y no sea una consecuencia del capitalismo salvaje, sentimental, que esté desde el primer minuto de la historia. Dos trincheras, yo y los otros, saco la mano, tiro la granada, me escondo, espero la respuesta, llega, cojo una más grande... crecer.
Y dije yo...
En cambio, yo creo que el individualismo salvaje es una consecuencia del capitalismo salvaje... es un hecho: no solamente que cualquier manifiesto sea a priori irrisorio, sino que cualquier actividad (literaria) ya no es interactiva con el entorno literario, ya no se construye sobre el estudio y el progreso de todo lo anterior, o lo inmediatamente anterior, sino que es exclusivamente un monumento al ego que la ha creado, un ego que es siempre un ego aislado, autoentronado, hostil contra todo lo que le suponga una amenaza (una hostilidad irracional, fruto de la ignorancia)... desde fuera, el espectáculo resulta irrisorio, pero, de cualquier manera, como dices en tu corolario, sin embargo, en ello estamos, poniéndonos en evidencia, aireando nuestra ignorancia...





Ombliguismo e incultura.


Sigo:
No creo que lo imaginario suponga una salida a esta circunstancia, pues se lee peor lo imaginado, pues el individuo solamente es capaz de conectar consigo mismo, y, a lo sumo, con otro individuo: lo imaginario nos aburre, no nos produce identificación, no nos pone en un espejo (vivimos en una era narcisista, lo dijo alguien)... pero no siempre ha sido de ese modo: los mitos antiguos eran imaginarios, pero hablaban al colectivo, y al individuo por medio del colectivo... eran portadores, en cierto modo, de una cierta objetividad... y todos los grandes artistas (pintores, escritores) iban a parar a ellos o los tomaban como punto de partida; eran, digamos, elementos codificados para hablar al colectivo, para hacerse entender... ahora solamente hay anecdotarios, idioteces sin significado, muy olvidables...
Yo a veces me planteo lo que puede entenderse de lo que nos rodea observado a mucha distancia, por ejemplo, temporal: tras miles de lustros... el caos que hay ahora, a mi modo de ver es tan morrocotudo, que no creo que un historiador del futuro sea capaz de aclararse: nada nos define salvo el caos individualista: las escenas se han atomizado irremisiblemente y ninguna voz es capaz de alzarse por encima de cualquier otra: no hay autoridad, cualquier autoridad se desautoriza inmediatamente, se desactiva, cae en lo absolutamente irrisorio...
Lo que nos sucede a los profes en las aulas es una consecuencia de esto que he dicho: nuestra supuesta autoridad (intelectual y de cargo) es puesta en entredicho continuamente, cada jornada... nos salva la autoparodia, la risa es el esqueleto de nuestra histeria.
Anónimo Héctor dijo...
Yo creo que el problema de la autoficción, y la abordo desde la literatura, que es de lo que más sé (de lo otro no tengo ni puta idea), es el yo. El yo es asfixiante, no hay quien pueda con él. Los creadores más altos, voy a decir a Cervantes, ya que soy cervantino, pero ahora mismo se me ocurre también Pessoa, parten de sí mismos, pero con qué limpieza, qué elegancia, qué sabiduría, dejan entrar a la vida en su obra.
El problema es que ahora lo que más se encuentra son yoes exacerbados.

2 comentarios:

antonio dijo...

toda nuestra maniobra se resume en: somos una panda de gilipollas, pero a la vez nos creemos elegidos

José Montalvá dijo...

totalmente

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